LÍMITES DE LA ASERTIVIDAD
En un partido, en el que existen tantos intereses contrapuestos en ‘conflicto’, trabajar la comunicación asertiva no ha de ser una meta, una finalidad, sino un medio para lograr que nuestro mensaje se transmita de manera equilibrada, clara, sobria y abierta a la empatía (capacidad para ponernos en el lugar del otro).
Este trabajo de comunicación tiene que entenderse como un ciclo, una labor progresiva partido a partido, que nos ayudará a crearnos una imagen, personal y colectiva, que reafirme nuestro papel como árbitros al mismo tiempo que resalta esa capacidad de escucha, comprensión y comunicación.
Es lógico que este trabajo comunicativo no vaya a ser la panacea, el remedio universal contra cualquier protesta, porque eso es inevitable.
Desde el Área de Árbitros se establecen unas normas de conducta que como árbitros debemos cumplir y hacerlas cumplir. Podríamos decir que estos son los límites de la asertividad, pero no sería del todo cierto. Incluso cuando no queda otra salida que la sanción de una falta técnica o descalificante, incluso en ese momento, podemos ser asertivos, señalándolas con sobriedad, sin exaltarnos, sin rehuir nuestra responsabilidad llegado el caso. Incluso en estas situaciones podemos transmitir respeto por los demás, nos respetamos a nosotros mismos por actuar según lo establecido y trabajamos para que nos respeten.
¿CÓMO CONSEGUIR ASERTIVIDAD ENTRE LOS PARTICIPANTES?
Aunque todo lo expuesto parezca algo idílico o utópico, existe una pauta práctica que podemos desarrollar en nuestra faceta comunicativa sobre la pista. Por ejemplo, se puede seguir este proceso:
Identificar las actitudes que no nos gustan (por ejemplo, que un entrenador proteste de manera muy exaltada o que constantemente esté haciendo observaciones a nuestra labor).
Comunicar a dicha persona que su actitud no es el mejor modo para entenderse.
Ofrecer alternativas (“yo te escucho, pero no me grites”, “si quieres decirme algo, adelante, pero siempre educadamente”…)
Reforzar a esa persona si observamos que cambia y se adapta a lo que pedimos.
Este último punto es de vital importancia si queremos que la otra persona entre en la dinámica de la asertividad.
Podemos, por ejemplo, al final del partido, intercambiar unas palabras que muestren nuestro respeto y nuestra conformidad porque hemos sido capaces de comunicarnos de manera correcta.
FERNANDO GARZÓN ALONSO
DEPARTAMENTO DE PUBLICACIONES
CLUB DEL ÁRBITRO FEB


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